Quintela participa en una cumbre para la próxima semana. Además, lo acompaña Osvaldo Jaldo, Raúl Jalil y Gustavo Sáenz, gobernadores aliados de Milei que buscan un armado nacional del peronismo.
Además, el gobernador de La Rioja busca evitar que sus pares del norte, aliados del presidente, terminen cerrando un acuerdo.
Quintela pretende evitar que se traigan votos a Milei en octubre.
Pero del lado de los gobernadores aliados de la Rosada también hubo contactos, porque ven a Milei débil en las encuestas y no quieren estar pintados de violeta.
Además, según fuentes en el entorno de Quintela, el riojano está trabajando en “unir partes”. “Si se lo reconocen será protagonista”, dijeron sus allegados.
Este viernes, Quintela encabezó un encuentro con intendentes del Conurbano en la quinta de Perón en San Vicente.
De la reunión participaron Federico Otermín, Gastón Granados, Federico Achával y Mariel Fernández, entre otros. El encuentro lo coordinó Alberto Arrúa, diputado nacional por Misiones.
Este medio explicó que Quintela se alejó de Axel Kicillof y se acercó a Cristina Kirchner luego de enfrentarla en la renovación de autoridades del PJ nacional. El riojano habló con Máximo Kirchner en la noche del jueves y quedaron en verse en los próximos días.
La jugada de Quintela no es casual. Los tres gobernadores que busca reunir tienen motivos concretos para replantearse su relación con la Rosada.

Según datos de Atlas Intel y Bloomberg, la aprobación de Milei cayó al 38,1%, mientras que el rechazo alcanza el 58%. Un 63% de los encuestados califica la situación económica como “mala” y un 70% evalúa negativamente el mercado laboral. En tanto, un relevamiento de D’Alessio IROL-Berensztein ubica a Milei cuarto en imagen entre el electorado libertario, por detrás de Francos, Bullrich y Santilli.
A esto se suma el deterioro de la relación entre los gobernadores norteños y el Ejecutivo nacional. Según informó La Nación en marzo, Jaldo, Jalil y Sáenz ven agotada su paciencia frente a “promesas incumplidas” de la Rosada: aportaron votos clave en el Congreso, pero no recibieron obras de infraestructura, mantenimiento vial ni los fondos de Aportes del Tesoro Nacional (ATN) prometidos. Al mismo tiempo, por la caída de la recaudación, los giros automáticos a las tres provincias cayeron en términos reales: Salta un 3,2%, Tucumán un 5% y Catamarca un 5,3%.
El cálculo de quintela apunta a capitalizar ese desgaste.
Si logra sentar a los tres gobernadores en la misma mesa, se posiciona como el articulador.
Podría reconstruir un peronismo federal con anclaje territorial, algo que ni Kicillof ni Cristina pudieron consolidar.
El riesgo es doble. Por un lado, los gobernadores aliados pueden usar la cumbre como herramienta de negociación frente a la Rosada, sin intención real de romper. Por el otro, el acercamiento de Quintela a Cristina y Máximo Kirchner puede generar resistencias entre los mandatarios norteños, que durante años marcaron distancia del kirchnerismo duro.
En el entorno de Quintela lo resumen sin vueltas: “Si se lo reconocen será protagonista”. La frase encierra tanto la ambición como la fragilidad de la apuesta. Quintela no tiene estructura propia suficiente para forzar el armado, pero sí la capacidad de instalar la agenda y obligar a los demás a definirse.
En un contexto donde Milei pierde terreno en las encuestas pero conserva el poder institucional, la pregunta de fondo es si el peronismo logrará convertir el malhumor social en una alternativa ordenada, o si seguirá fragmentado en disputas personales mientras el oficialismo avanza sin necesidad de aliados estables.
La cumbre de la semana que viene será una primera señal.