La XVIII Cumbre de los BRICS concluyó en Nueva Delhi con una declaración de 140 puntos que expone una posición común sobre algunos de los principales conflictos y debates de la política internacional. El documento aborda la guerra en Medio Oriente, la situación de Palestina, las sanciones económicas, el comercio, la reforma de Naciones Unidas, el sistema financiero, el uso de monedas nacionales, la energía, los minerales estratégicos y el desarrollo tecnológico.
La principal novedad política pasa por el alcance de esa agenda. El planteo es asumido por un BRICS ampliado, que busca consolidarse como un espacio de coordinación de países emergentes y del llamado Sur Global. En la declaración, el bloque reivindica el fortalecimiento del multilateralismo y la multipolaridad y sostiene que el Sur Global puede convertirse en un factor de transformación del escenario internacional.
El reclamo atraviesa buena parte del documento: BRICS no propone abandonar las instituciones internacionales existentes, sino modificar su estructura de representación y funcionamiento. El argumento es que la distribución actual del poder dentro de organismos creados después de la Segunda Guerra Mundial ya no refleja el peso económico, demográfico y político de los países emergentes.
Uno de los principales puntos de esa discusión es Naciones Unidas. La declaración reclama una reforma integral de la organización y, particularmente, de su Consejo de Seguridad, con una mayor participación y representación de los países en desarrollo en los procesos de toma de decisiones.
La misma posición se extiende al terreno económico. BRICS plantea reformas en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para que sus estructuras de gobierno reflejen la transformación de la economía mundial. También reclama cambios en la Organización Mundial del Comercio y cuestiona el avance de medidas comerciales unilaterales.
En este punto aparece uno de los planteos más duros de la cumbre: el rechazo a las sanciones económicas unilaterales. El documento condena las denominadas “medidas coercitivas unilaterales”, incluidas las sanciones secundarias, y reclama el levantamiento de aquellas que considera contrarias al derecho internacional.
El posicionamiento supone una crítica directa al uso de las herramientas financieras y comerciales como mecanismos de presión geopolítica. Para los países que integran el bloque, la discusión no se limita a las relaciones comerciales, sino que alcanza al poder que determinadas potencias ejercen sobre los flujos financieros y económicos internacionales.
Menos dependencia del sistema financiero dominante
En materia financiera, los BRICS avanzan en una estrategia destinada a reducir algunas de esas dependencias. La declaración impulsa la interoperabilidad de sistemas de pagos transfronterizos y promueve una mayor utilización de monedas nacionales para las operaciones comerciales entre los países miembros.
El documento no anuncia la creación de una moneda común de los BRICS. La prioridad está puesta en desarrollar mecanismos de pago que permitan realizar operaciones internacionales de manera más rápida, segura y económica, al tiempo que disminuyan la exposición a los sistemas financieros dominantes.

La cuestión monetaria se vincula así con una discusión más amplia sobre la autonomía económica. El bloque busca ampliar las alternativas disponibles para sus integrantes sin plantear, al menos en esta declaración, el reemplazo inmediato del sistema financiero internacional por una estructura propia.
Palestina y Medio Oriente
La guerra en Medio Oriente también ocupa un lugar destacado en el documento final. BRICS reclama un alto el fuego y el acceso de ayuda humanitaria a Gaza, rechaza el desplazamiento forzoso de la población palestina y reafirma el derecho de los palestinos a la autodeterminación.
Además, el bloque respalda la plena incorporación de Palestina a Naciones Unidas y vuelve a plantear la solución de dos Estados sobre las fronteras de 1967.
La posición vuelve a marcar una diferencia con la política exterior de Estados Unidos y sus principales aliados respecto del conflicto, al tiempo que incorpora la cuestión palestina dentro de la agenda política común del bloque ampliado.
América Latina, Cuba y los recursos estratégicos
La declaración también incorpora a América Latina y el Caribe, región a la que define como una “zona de paz”. En ese apartado, BRICS reivindica los principios de soberanía y no intervención y expresa su preocupación por las medidas económicas, comerciales y financieras aplicadas contra Cuba.
El bloque reclama el levantamiento de esas restricciones y vuelve a colocar en la discusión internacional el principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados.
Otro eje relevante es el acceso a los recursos estratégicos. BRICS plantea preservar los derechos soberanos de los países sobre sus minerales críticos y promover cadenas de suministro más diversificadas.
La discusión adquiere especial importancia en un contexto de creciente competencia por minerales considerados indispensables para la transición energética, la industria tecnológica y la fabricación de componentes estratégicos.
A esto se suma la cuestión tecnológica. La declaración plantea avanzar hacia un ecosistema digital soberano y autosuficiente, vinculando infraestructura digital, inteligencia artificial, energía y recursos naturales con una misma preocupación: reducir las vulnerabilidades externas de los países emergentes.
Una disputa por las reglas
El resultado de la cumbre de Nueva Delhi no supone la creación de una alianza cerrada ni una ruptura formal con las instituciones que actualmente estructuran el sistema internacional. El BRICS ampliado plantea, en cambio, una disputa por las reglas y por el peso que cada país tiene en su definición.
La reforma de Naciones Unidas, el funcionamiento del FMI y el Banco Mundial, las reglas del comercio internacional, las sanciones, los sistemas de pago, el acceso a minerales estratégicos y la gobernanza tecnológica aparecen dentro de una misma agenda.
La declaración tampoco sostiene que el nuevo equilibrio internacional ya esté consolidado. Lo que deja expuesto es una posición política cada vez más articulada: los países que integran el Sur Global buscan mayor capacidad de decisión sobre las instituciones y las reglas que ordenan la economía y la política mundial.