Tras superar una intervención quirúrgica compleja y cumplir con un período de recuperación bajo estrictas indicaciones médicas, Cristina Fernández de Kirchner retomó en los últimos días su actividad política de manera gradual. El regreso no es menor ni improvisado: en el corazón del kirchnerismo dan por iniciado un nuevo ciclo político que tendrá como eje central la campaña “Cristina Libre”, prevista para relanzarse con fuerza a partir de febrero.
La ex presidenta recibió el alta médica el 3 de enero de 2026, luego de permanecer dos semanas internada en el Sanatorio Otamendi a raíz de una apendicitis aguda con complicaciones. Desde entonces, continúa su recuperación en el departamento de la calle San José 1111, en el barrio porteño de Constitución, donde cumple prisión domiciliaria. Ese espacio, que ya supo ser un centro neurálgico de decisiones políticas, volvió a convertirse en punto de referencia para la dirigencia kirchnerista.
En los últimos días, Cristina combinó caminatas diarias en la cinta como parte de su rehabilitación física con reuniones políticas reservadas. Por el departamento pasaron figuras clave de su entorno, como el diputado nacional Juan Grabois y el ex senador Oscar Parrilli, quien retomó un rol activo en el Instituto Patria. Las visitas, los gestos y los mensajes públicos forman parte de una estrategia más amplia: reinstalar a la ex mandataria como figura central de la oposición al gobierno de Javier Milei.
Durante la convalecencia, Fernández de Kirchner mantuvo contactos telefónicos y por videollamada, y dedicó tiempo a la lectura. Entre los libros que circularon por su mesa se encuentran obras de César González, textos sobre Juan Domingo Perón, biografías históricas y ensayos políticos contemporáneos como La hora de los depredadores, de Giuliano da Empoli. En el kirchnerismo no pasan por alto esas lecturas, que dialogan con la narrativa que buscan construir frente al avance global de proyectos políticos de ultraderecha, con Milei como exponente local.

La proscripción como eje y el relato hacia 2027
El retorno de Cristina a la escena se da en un contexto marcado por su condena judicial, la reorganización interna del peronismo y la proyección anticipada de las elecciones presidenciales de 2027. En su entorno aseguran que la campaña “Cristina Libre” no será solo una consigna militante, sino una ofensiva política y simbólica destinada a instalar la idea de que una elección sin su participación estará atravesada por una “dudosa legitimidad democrática”.
La analogía con la proscripción de Juan Domingo Perón durante décadas es explícita. Aunque la ex presidenta se encuentra legalmente imposibilitada de ejercer cargos públicos —tras quedar firme en 2015 la condena a seis años de prisión e inhabilitación perpetua en la causa Vialidad—, en el kirchnerismo más duro no descartan proyectarla como candidata presidencial en términos políticos, aun cuando reconocen que “la última palabra” la tendrá ella.
Más allá de las limitaciones judiciales, Cristina insiste en los ejes que viene planteando desde hace tiempo: la necesidad de una “nueva estatalidad”, la discusión de fondo sobre la deuda externa y una crítica frontal a las políticas económicas del gobierno libertario. En su entorno sostienen que ni La Libertad Avanza ni sectores del propio peronismo quieren dar ese debate estructural, y que prefieren centrar la discusión en su figura.
Tensiones internas, el factor Francisco y la distancia con Kicillof
Puertas adentro, el kirchnerismo atraviesa tensiones evidentes. En el entorno de la ex presidenta se muestran especialmente críticos con buena parte del peronismo, al que acusan de haberla dejado aislada en el momento más complejo de su trayectoria política. En ese marco, se repite una consigna interna que define su liderazgo: “cabeza, corazón y coraje”.
También aparece un elemento que el kirchnerismo considera clave en la cronología judicial: la muerte del papa Francisco. Según esa interpretación, la desaparición del pontífice argentino —quien había manifestado su preocupación por el uso político del sistema judicial en América Latina— dejó a Cristina sin una referencia moral y política de peso internacional, lo que habría facilitado el avance de la condena sin costos simbólicos.
Ese encuadre forma parte central de la narrativa que acompañará la campaña “Cristina Libre”, cuyo objetivo declarado es volver a poner en discusión el rol de la Corte Suprema, la validez de las condenas y el impacto de la proscripción en el sistema democrático.
En paralelo, crece el malestar con el gobernador bonaerense Axel Kicillof. La relación, que supo ser de extrema cercanía, atraviesa su momento más frío. En el Instituto Patria recuerdan episodios que interpretan como señales de distanciamiento político y simbólico, y no disimulan la incomodidad que genera esa autonomía del mandatario provincial.
Grabois, el discurso más duro y la estrategia de confrontación
Quien decidió blanquear públicamente su encuentro con Cristina fue Juan Grabois. Tras más de dos horas de conversación, el dirigente de Argentina Humana difundió un mensaje contundente en redes sociales, en el que habló de proscripción, criticó con dureza al peronismo tibio y fijó condiciones para cualquier liderazgo futuro dentro del espacio.
Grabois fue más allá y sostuvo que ningún dirigente del campo popular puede encabezar un proyecto político sin comprometerse a indultar a Cristina y promover el juicio político a la Corte Suprema. Sus palabras, consensuadas o no con la ex presidenta, se alinean con la estrategia del kirchnerismo más fiel a CFK: polarizar directamente con Javier Milei y reinstalar a Cristina como la única figura capaz de disputar centralidad simbólica y electoral.
En el kirchnerismo manejan encuestas que le asignan a la ex presidenta una imagen positiva que oscila entre el 34 y el 37 por ciento. Ese piso, aseguran, no lo alcanza hoy ningún otro dirigente del espacio. De allí surge una conclusión incómoda pero cada vez más repetida en voz alta: sin Cristina en la cancha, el peronismo no tendría hoy un candidato competitivo para enfrentar a Milei en una eventual segunda vuelta.